Archivo de la etiqueta: octópodos aterrados

Pulpo en el patiecito

Tiene un particular pasatiempo el guionista de cómic; consiste en aguantar la respiración debajo del agua. Los sábados por la mañana, con obsesiva regularidad, acude a un punto muy específico del mar que llama el patiecito y realiza un ritual siempre idéntico: baja hasta al fondo; aguanta; sube; recupera; vuelve a bajar.
 
En esta ocasión, hay un pulpo en el patiecito; intenta ocultarse en una roca, rodeada de arena y sin huecos, que le da muy pocas garantías. El octópodo, por supuesto, es consciente de su precaria situación; por eso observa con espanto la llegada al fondo de un mamífero de tamaño amenazante. Pero, en principio, no tiene nada que temer: el guionista de cómic ama a los octópodos; se identifica tanto con ellos que su contraseña de Dropbox comienza así: pulpode
 
Baja; aguanta; sube; recupera; baja. Y si bien el pulpo nunca deja de vigilarlo atentamente, el espanto de su mirada se atempera; no puede sospechar que muy cerca se mueven tres pescadores submarinos (¡Armados con letales arpones que se disparan con un sistema de gomas!). Mucho menos puede imaginarse el pulpo que el guionista de cómic, un poco harto ya de la soledad de su ritual (que va por su tercer año), fantasea con tener un grupo de amigos del mar que sean de su misma especie.
 
¿Y si lo entrego? Eso sería entrar a lo grande en su nuevo entorno social. Ya se ve compartiendo cervezas y anécdotas marinas con los pescadores mientras disfrutan de un exquisito pulpo a la gallega. ¡Ay, ay, ay! Qué encrucijada. Porque todo sea dicho: el guionista ama a los octópodos y jamás matará a uno con sus propias manos; pero, cuando los encuentra sobre un plato, ya muertos y rebanados, les entra con afán insuperable.
 
–Ey, qué tal –saluda de pronto uno de los pescadores, de paso por el patiecito, sacando al guionista de su red de pensamientos.
 
–Qué tal –devuelve el saludo el guionista y hace la reglamentaria pregunta de camaradería–: ¿Hubo suerte?
 
–Nada –dice el pescador–. ¿Tu has visto algo?
 
¡Ay, ay, ay!
 
Un rato más tarde, ya acabado el ritual, mientras come una manzana sentado sobre las rocas de la costa, más solo que loco malo, el guionista de cómic se pregunta qué especie será la suya.

 
 
 

Anuncios

Deja un comentario

Archivado bajo La trepidante vida del guionista de cómic