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Mónica

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¿Viste que la vida te da sorpresas? Bueno, la más grande que me ha dado a mí, por el momento, es convertirme en Mónica de Friends. (Por si sos escandalosamente joven, te cuento que Friends fue la How I met your mother de los 90 y que Mónica era fanática del orden y la limpieza). Sooorrrrpresa. Esa sí que no la vi venir. Porque yo fui un niño que dejaba los juguetes tirados en el suelo; fui un adolescente que dejaba todo tirado en el suelo y no sabía lo que era lavar un plato (ya que estoy aprovecho para avergonzarme públicamente y darle la gracias a mi madre por su heroicidad más allá del cumplimiento del deber); fui un joven que tenía el auto sucio, y cuando ya no era taaaan joven, pero seguía siendo un poco joven, alquilé un departamento, y el día que devolví la llave, la dueña se quejó de la costra de mugre que le dejé en la bañera sin siquiera darme cuenta. Después me junté, me casé y me reproduje siendo más o menos el mismo sucio desordenado de siempre. Y un día, ya siendo el señor (en el sentido estrictamente etario) que soy ahora, de pronto, estando yo en la total inopia sobre lo que la vida me deparaba, CHARÁN, me convertí en Mónica de Friends. Empecé a limpiar y ordenar, de verdad, con ganas; el coche, la casa, los platos, los libros. Empecé a barrer cada vez que mis hijos entran con tierra en las zapatillas, aún sabiendo que dentro de cinco minutos van a estar comiendo maní con cáscara sobre ese mismo suelo. Empecé a juntar la ropa tirada, a acomodar bien la vajilla, los adornos, los zapatos. Empecé a sufrir en silencio cuando la gente no usa posavasos, y apenas un poquito más tarde, (no es fácil confesar esto) empecé a pedirle a la gente que use posavasos. Empecé a sacar migas del sofá, compulsivamente, haciendo pinza con dos deditos de una mano. Empecé a detenerme delante de la góndola de productos de limpieza del supermercado, extasiado como un niño frente a la vidriera de una juguetería, fascinado por la variedad, deseándolo todo. Empecé a disfrutar obscenamente del terso discurrir sobre las baldosas de una fregona empapada en cera. Empecé a amar el olor a baño desinfectado por las mañanas… E insisto, no la vi venir. Fue un gran, gran, GRAN SORPRESA, no demasiado grata. Mónica de Friends me caía como el culo.

 
 

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Archivado bajo Atónito ante todo