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Sargento

Borgnine_allquiet

Como ya te conté varias veces, tengo una hija (8) y dos hijos (7 y 2). Y sucede que cuando voy al parque con el más chico, me muevo entre padres más jóvenes que yo, la mayoría primerizos. Son adorables. Sonríen todo el tiempo, festejan todas las piruetas con ganas, sacan mil fotos, se arrodillan para jugar, saltan, trepan. A su lado, me siento como el viejo sargento que ya lleva un tiempo en la trinchera y ha visto morir a verdaderos valientes. De hecho, dentro de mi cabeza, empiezo a hablarles con la voz del viejo sargento, que es igual a la del doblador de Ernest Borgnine al español neutro. “¿Qué demonios crees que estás haciendo, novato? Borra esa estúpida sonrisa de tu cara. Deja de dar chillidos y hacer morisquetas que esto no es un circo. Baja la cámara. Usa el teléfono para leer el periódico, enviar mensajes o comparar precios. Levanta la vista lo mínimo indispensable para garantizar la integridad física de tu vástago. Conserva tus energías, por el amor de Dios. Esto es la puta guerra, novato. Y es una que no puedes ganar, de aquí solo saldrás en una caja de madera”.

 

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Hijita & Hijito #3

La serie preferida de las abuelas.

 

Papá hace uno de sus chistes.
–No digas tonterías –dice Amiguito.
–Los adultos no dicen tonterías –afirma categóricamente Hijita; pero enseguida siente la necesidad de hacer un matiz –: Bueno… este a veces sí.

 


 

–Las pesadillas salen de mi ombligo –dice Hijito– y me asustan así: “Uaaahhgg”.

 


 

La familia visita un castillo.
–¿Este es un castillo de verdad, de la guerra? –pregunta Hijita.
–Sí –contesta Mamá–, medieval; acá había soldados con armadura.
Dos pasos más tarde Hijito encuentra un bicho, seco y panza arriba, tirado en el suelo.
–Uuuuh –se lamenta–… En la guerra mataron a un escarabajo.

 


 

Hijito tiene puesta su imprecindible mochila de paseo, que contiene un par de imprecindibles cochecitos y algunos no menos imprecindibles muñecos.
–¡Ya estoy preparado! –anuncia.
Está completamente desnudo.

 


 

En medio de una cruel lucha acuática contra Papá, Hijito prueba una estrategia insospechada:
–¿Podés pasar por acá, cerca de mi pierna, por favor? –solicita amablemente.

 


 

Hay que inventar una cortina de humo para salir a comprar el regalo de cumpleaños de Mamá.
–¡Ya sé! Le decimos que tenemos que ir a comprar algo para arreglar la radio del Cocho Lopito – propone Hijita con evidente astucia, ya que la radio del Cocho Lopito, el sedán familiar, no funciona.
Pero Papá se siente inclinado a apoyar la propuesta de Hijito:
–¡O le decimos que vino un ninosaurio Rex y hay que lucharlo!

 


 

Hiijto está pelando almendras con una piedra.
–¿Me das una? –pregunta Papá.
–Sí… pero solo si me das diez pavos invisibles.

 


 

–Yo no me voy a casar. ¡Puaj! –dice Hijito.
–¿Y entonces con quién vas a vivir? –pregunta Hijita.
–¡Con ustedes! –contesta Hijito, abriendo los brazos para abarcar a toda la familia.
–Pero cuando ellos se mueran… –puntualiza Hijita, señalando con el pulgar a Mamá y Papá.
–Pero no se van a morir… ¡Los meteoritos no existen! –argumenta Hijito, que siempre tiene muy presente el trágico final de los dinosaurios.

 


 

–Vení, vení, mirá… –dice–. Pero no hagas ruido.
Cuando Papá se acerca, Hijito señala a un caracol que se oculta entre yuyos.
–Shhh… –ruega silencio–. No quiero que salga corriendo.

 
 
 

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