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La dimensión Maitena

Un nuevo episodio de La trepidante vida del guionista de cómics

Justo frente a la sección de productos femeninos hay dos mujeres charlando. Hablan con intensidad sobre el presente escolar de sus hijos. Se las ve muy compenetradas y nada apuradas. “¿Soy lo suficiente hombre como para seguir adelante con esto?”, se pregunta el guionista de cómics.

Tras el instante de duda, saca pecho y avanza góndola abajo con arrojo, poniendo su mejor cara de adulto distendido al que por supuesto no le produce ningún reparo, vergüenza ni picazón comprar cualquier tipo de producto, incluyendo los de higiene íntima femenina.

Entra en la zona caliente. Se detiene a centímetros de las mujeres. Puede oler la mezcla de sus perfumes. El bolsillo trasero de su jean roza el carro de una de ellas. Pero ellas parecen no registrar su presencia; la conversación no pierde intensidad ni volumen.

¡Ja! ¡Qué capo! El guionista de cómics encuentra casi de inmediato el primero de los dos productos que busca. Lo tira dentro del carro con gesto sobrado, recio, distendido, y retoma el escaneo de la góndola. ¡Volverá a casa como un héroe!

Pero el segundo producto se niega a revelarse. El guionista de cómics acerca la cara a la góndola cada vez más. Primero lee los paquetes de forma aleatoria, saltando con la vista de acá para allá, y cuando se da cuenta de que quizás está necesitando un método, algo así como “de arriba a abajo, de izquierda a derecha”, ya es demasiado tarde. Ya pasaron demasiados segundos. Quién sabe. Quizás haya pasado hasta un minuto. Está transpirando. Se siente mareado. Las leyendas promocionales que lee se mezclan con la conversación que sigue (¿más intensa?) a sus espaldas.

–No sabés la maestra que le tocó al mayor. Es la típica ultraprotección sensitive flexi especial tanga.
–¡Qué turra! La del mío es max suave con alas anatómicas y aloe. ¡Un amor!

Una sensación de agobio encoge el pecho de guionista de cómics. El supermercado se derrite a su alrededor. Ahora flota en un angustiante surtido de dudas: ¿Qué hago acá? ¿Estoy en una dimensión dibujada por Maitena? ¿Por qué me casé? ¿No debería cada cónyuge comprar sus propios productos íntimos por mucho amor que entre ellos medie? ¿Etcétera? ¿Etcétera? ¿Etcétera?

A duras penas, huye. Se refugia en el alcohol. Elige una botella de vino para un amigo que cumplió años. Esa bocanada de virilidad le devuelve el aliento; consigue reunir el temple necesario para terminar de hacer la compra semanal.

Antes de pasar por la caja, todavía con la esperanza de volver a casa como un héroe, se asoma, temeroso, tomando recaudos para no ser visto, a la sección femenina.

Las mujeres siguen ahí, charlando como si nada hubiera pasado.
 
 

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La mierda gigantesca

Un nuevo episodio de La trepidante vida del guionista de cómics.

Cualquier excusa es buena para no trabajar, y mirar por la ventana fingiendo que busca inspiración es una de sus preferidas. Normalmente la acción al otro lado del vidrio es escasa y monótona: pasa gente; pasan coches. Pero hoy tiene un golpe de suerte. Se asoma justo en el momento en que, en la vereda de enfrente, sobre un rectángulo de pasto verde, hay un gigantesco perro haciendo caca.

La dueña está al lado, absorta en la pantalla de su teléfono celular. Y mientras el perro hace lo suyo, tomándose su tiempo, el guionista de cómics apuesta todas sus fichas en contra del ser humano.

Pero cuando el perro termina, la dueña saca una bolsa de plástico, envuelve con ella su mano derecha y levanta la gigantesca mierda de su gigantesca mascota con esmero, procurando que no queden restos sobre el pasto.

Habiendo perdido la apuesta, al guionista de cómics no le queda otra que ponerse a trabajar. Todo indica que la humanidad tiene futuro.

 

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