Archivo de la categoría: Atónito ante todo

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¿No te parece un poco raro que ahora todos seamos deportistas de elite? ¿No te llama la atención que los oficinistas corran maratones en su tiempo libre, que cada dos por tres pase por la puerta de tu casa un triatlón de docentes, diseñadores gráficos y abogados, que los veinteañeros con resaca entrenen usando el sistema de los marines, que haya más ciclistas enfundados en lycra fluorescente que personas en la República Popular China? A mí me parece muy raro. Más cuando pienso que la generación anterior (a la mía) dejó de correr a los doce años, no aprendió a nadar y fumaba hasta en los hospitales. ¿Qué pasó en las ultimas décadas? ¿Por qué la vida se transformó en una olimpíada? Estuve reflexionando sobre el tema (más que nada en el baño) y desarrollé dos teorías que dejo anotadas acá en forma de preguntas. ¿Será que el bienestar de la vida moderna nos convirtió en hedonistas con demasiado tiempo libre, obsesionados con el cuerpo y la salud porque pretendemos vivir para siempre? ¿O será que Nike y Adidas nos están poniendo algo en la bebida?
 
 

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New Yorker

baulFBEn el fondo del baúl de mi estudio está enterrada mi obra pornográfica. Shhhhhhh. Guardame el secreto, mi mamá no sabe nada. La firmé con un discreto y cobarde seudónimo. Se publicó en un revista española (o catalana o la dos cosas) de historietas “eróticas”. Era un artista joven y hambriento. No volveré a hacerlo, salvo que me ofrezcan mucho dinero, por supuesto, en ese caso sí volveré a hacerlo y con toda la buena predisposición del mundo. Cuando escribí esas historietas estaba fascinado por John Cheever y Raymond Carver así que quise hacer literatura estilo New Yorker pero con escenas de sexo explícito. ¿Pretencioso yo? La reglas de producción decían que si la historia tenía ocho páginas, en cuatro (mínimo, mínimo, mínimo) tenía que haber gente desnuda practicando variantes del coito a lo loco. Y con mucho close up, nada de sutilezas. El artista joven que fui se peleaba con el editor (un tipazo que manejaba y maneja un catálogo IMPRESIONANTE) para reducir la cantidad de sexo y alejar “la cámara”. Qué chiquillo estúpido y adorable. En fin, la cuestión es que hoy esas revistas, que además de mi obra tienen la de un montón más de historietistas (solicitá la lista por privado), están ahí, esperando ser encontradas por mi hija o mis hijos. Es el destino obvio de un material así. No puede pasar otra cosa. Por el momento, no tienen interés en el baúl, ni siquiera saben que hay cosas adentro, es invisible para ellos. Es una suerte porque por ahora son demasiado jóvenes. Sería traumático. El horror. Pero las criaturas crecen rapidísimo así que ya empecé a preguntarme cuál es mi responsabilidad como padre. ¿Qué hago con las revistas? ¿Las destruyo o las escondo más a mano?

 

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Mónica

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¿Viste que la vida te da sorpresas? Bueno, la más grande que me ha dado a mí, por el momento, es convertirme en Mónica de Friends. (Por si sos escandalosamente joven, te cuento que Friends fue la How I met your mother de los 90 y que Mónica era fanática del orden y la limpieza). Sooorrrrpresa. Esa sí que no la vi venir. Porque yo fui un niño que dejaba los juguetes tirados en el suelo; fui un adolescente que dejaba todo tirado en el suelo y no sabía lo que era lavar un plato (ya que estoy aprovecho para avergonzarme públicamente y darle la gracias a mi madre por su heroicidad más allá del cumplimiento del deber); fui un joven que tenía el auto sucio, y cuando ya no era taaaan joven, pero seguía siendo un poco joven, alquilé un departamento, y el día que devolví la llave, la dueña se quejó de la costra de mugre que le dejé en la bañera sin siquiera darme cuenta. Después me junté, me casé y me reproduje siendo más o menos el mismo sucio desordenado de siempre. Y un día, ya siendo el señor (en el sentido estrictamente etario) que soy ahora, de pronto, estando yo en la total inopia sobre lo que la vida me deparaba, CHARÁN, me convertí en Mónica de Friends. Empecé a limpiar y ordenar, de verdad, con ganas; el coche, la casa, los platos, los libros. Empecé a barrer cada vez que mis hijos entran con tierra en las zapatillas, aún sabiendo que dentro de cinco minutos van a estar comiendo maní con cáscara sobre ese mismo suelo. Empecé a juntar la ropa tirada, a acomodar bien la vajilla, los adornos, los zapatos. Empecé a sufrir en silencio cuando la gente no usa posavasos, y apenas un poquito más tarde, (no es fácil confesar esto) empecé a pedirle a la gente que use posavasos. Empecé a sacar migas del sofá, compulsivamente, haciendo pinza con dos deditos de una mano. Empecé a detenerme delante de la góndola de productos de limpieza del supermercado, extasiado como un niño frente a la vidriera de una juguetería, fascinado por la variedad, deseándolo todo. Empecé a disfrutar obscenamente del terso discurrir sobre las baldosas de una fregona empapada en cera. Empecé a amar el olor a baño desinfectado por las mañanas… E insisto, no la vi venir. Fue un gran, gran, GRAN SORPRESA, no demasiado grata. Mónica de Friends me caía como el culo.

 
 

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Sargento

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Como ya te conté varias veces, tengo una hija (8) y dos hijos (7 y 2). Y sucede que cuando voy al parque con el más chico, me muevo entre padres más jóvenes que yo, la mayoría primerizos. Son adorables. Sonríen todo el tiempo, festejan todas las piruetas con ganas, sacan mil fotos, se arrodillan para jugar, saltan, trepan. A su lado, me siento como el viejo sargento que ya lleva un tiempo en la trinchera y ha visto morir a verdaderos valientes. De hecho, dentro de mi cabeza, empiezo a hablarles con la voz del viejo sargento, que es igual a la del doblador de Ernest Borgnine al español neutro. “¿Qué demonios crees que estás haciendo, novato? Borra esa estúpida sonrisa de tu cara. Deja de dar chillidos y hacer morisquetas que esto no es un circo. Baja la cámara. Usa el teléfono para leer el periódico, enviar mensajes o comparar precios. Levanta la vista lo mínimo indispensable para garantizar la integridad física de tu vástago. Conserva tus energías, por el amor de Dios. Esto es la puta guerra, novato. Y es una que no puedes ganar, de aquí solo saldrás en una caja de madera”.

 

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