Hijita & Hijito #3

La serie preferida de las abuelas.

 

Papá hace uno de sus chistes.
–No digas tonterías –dice Amiguito.
–Los adultos no dicen tonterías –afirma categóricamente Hijita; pero enseguida siente la necesidad de hacer un matiz –: Bueno… este a veces sí.

 


 

–Las pesadillas salen de mi ombligo –dice Hijito– y me asustan así: “Uaaahhgg”.

 


 

La familia visita un castillo.
–¿Este es un castillo de verdad, de la guerra? –pregunta Hijita.
–Sí –contesta Mamá–, medieval; acá había soldados con armadura.
Dos pasos más tarde Hijito encuentra un bicho, seco y panza arriba, tirado en el suelo.
–Uuuuh –se lamenta–… En la guerra mataron a un escarabajo.

 


 

Hijito tiene puesta su imprecindible mochila de paseo, que contiene un par de imprecindibles cochecitos y algunos no menos imprecindibles muñecos.
–¡Ya estoy preparado! –anuncia.
Está completamente desnudo.

 


 

En medio de una cruel lucha acuática contra Papá, Hijito prueba una estrategia insospechada:
–¿Podés pasar por acá, cerca de mi pierna, por favor? –solicita amablemente.

 


 

Hay que inventar una cortina de humo para salir a comprar el regalo de cumpleaños de Mamá.
–¡Ya sé! Le decimos que tenemos que ir a comprar algo para arreglar la radio del Cocho Lopito – propone Hijita con evidente astucia, ya que la radio del Cocho Lopito, el sedán familiar, no funciona.
Pero Papá se siente inclinado a apoyar la propuesta de Hijito:
–¡O le decimos que vino un ninosaurio Rex y hay que lucharlo!

 


 

Hiijto está pelando almendras con una piedra.
–¿Me das una? –pregunta Papá.
–Sí… pero solo si me das diez pavos invisibles.

 


 

–Yo no me voy a casar. ¡Puaj! –dice Hijito.
–¿Y entonces con quién vas a vivir? –pregunta Hijita.
–¡Con ustedes! –contesta Hijito, abriendo los brazos para abarcar a toda la familia.
–Pero cuando ellos se mueran… –puntualiza Hijita, señalando con el pulgar a Mamá y Papá.
–Pero no se van a morir… ¡Los meteoritos no existen! –argumenta Hijito, que siempre tiene muy presente el trágico final de los dinosaurios.

 


 

–Vení, vení, mirá… –dice–. Pero no hagas ruido.
Cuando Papá se acerca, Hijito señala a un caracol que se oculta entre yuyos.
–Shhh… –ruega silencio–. No quiero que salga corriendo.

 
 
 

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