Hijita & Hijito #2

La vida misma de lo que sería una familia

 

–¿Sabés que ya sé dormir sola, sola, sola sin ningún muñeco? –dice Hijita.
–Qué bien… –opina Papá.
–Pero los pongo… bueno… ¡Para decorar!

 


 

–Yo no me quiero morir –dice Hijito.
–Pero todos nos vamos a morir –dice Hijita.
–¡Pero yo no me quiero morir! –se ofusca Hijito.
–Pero todos nos vamos a morir. Vos, yo, todos. –lo consuela Hijita– Así pueden nacer personas nuevas. Si no… imaginate… el mundo sería todo una ciudad, toooodo una ciudad. No habría lugar para jugar y la plazas serían edificios.

 


 

Hijita le pide a Papá que le cuente una historia de su vida. Papá le cuenta de la vez que su barco fue atacado por piratas que lo tiraron al mar, y de cómo se hundió y descubrió la Ciudad Perdida del Océano, en la vivió un año entero entre seres mitad pez y mitad humano, para luego regresar a su casa a nado, vía Río de la Plata.
–Un momento… –dice Hijita, levantando el índice.
–¿Qué pasa? –pregunta Papá con su mejor cara de señor normal.
–Cuando llegaste a tu casa… ¿Te bañaste?

 


 

Hijito le pide a Papá que sacuda su almohada para que vayan las pesadillas y Papá lo hace.
–¿Podés sacudir la mía también? –pregunta Hijita –. Para que se vaya la publicidad.

 


 

Mientras Papá mira el partido, Hijita, que solo conoce dos equipos de fútbol, intenta entender el funcionamiento del libro de pases.
–Pero… si juegan en Banfield… ¿Cómo hacen después para jugar en el Barça si la camiseta no se parece ni gota?

 


 

–¡SILEEEENCIOOOO! ¡SILEEEEEEENCIOOOO! –grita a voz en cuello, colorado e indignado.
Y ni uno solo de los cientos de turistas que circulan por el túnel peatonal del Metro de Barcelona, un sábado de primavera a media mañana, se hace eco del reclamo. Todos, juntos, como una orquesta infernal, siguen construyendo una bola de ruido que lastima los oídos.
Pero Hijito no se rinde.
–¡SILEEEENCIOOOO! ¡SI-LEEEENNNN-CIOOOOO!

 


 

–Me siento como un bombero libre –dice Hijito.

 


 

Hijita se quedó a dormir en la casa de Amiguita; lleva muchas horas alejada del seno familiar.
–Pero tiene que venir acá… –se queja Hijito– ¡No puedo pensar sin ella!

 


 

–¿Los troncos cambian? –pregunta Hijita.
–Bueno… –titubea Papá–, sí… cuando están en el suelo se van deshaciendo.
–¿Te imaginás que los troncos hablasen? –. Abre bien grandes los ojos Hijita:– ¡Se unirían todos para atacar a los hombres que hacen asadito!

 


 

–Vos sos medio vago –dice Hijito–, solo trabajás con el ordinador y los papeles.

 


 

La familia se cruza una pequeña manifestación durante el paseo del 1 de Mayo. Hijita pregunta y Mamá le explica qué se celebra, aprovechando para bajar un poco de línea:
–Hay que estar muy alerta –termina el discurso Mamá–, porque hay algunos a los que les gusta mucho recortarle derechos a los trabajadores.
–¿Sabés con qué también hay que estar muy alerta? – dice entonces Hijita.
–¿Con qué?
–Con el espacio exterior…

 


 

Cena familiar. Hijito fue a hacer pis y está tardando mucho así que Mamá le pega el grito.
–Perdón… –dice cuando aparece –, es que sin querer me quedé mirando la tele.

 


 

Noche. Hijito baja las escaleras consternado y explica que no puede dormir porque su hermana le ganó de mano.
–Es que la energía de ella convierte las pesadillas en sueños –dice–, pero si está dormida no tiene energía.

 


 

–Vos fuiste la primera –dice Mamá–. Cuando naciste, Papá y yo no sabíamos nada de bebés.
–Bueno –opina Hijita–, lo primero que hay que hacer cuando tenés un hijo es dejar de hacer cosas de novios.

 


 

En la radio suena el himno nacional argentino.
–Ooooo suremos por Moria Morir –canta Hijito, su parte preferida–.
Y tras los últimos compases, se felicita:
–Molt bé!

 


 

El pueblo es sede de un campeonato de fisicoculturismo. Hijita y sus compañeros, que están ensayando para hacer de forzudos de circo en la fiesta de fin de año, se agolpan contra los ventanales del polideportivo.
–Me parece que no son forzudos de verdad –le comenta Hijita a Mamá.
–¿Por qué?
–Porque no tienen bigote…

 


 

–Esto es el chichón!–dice Hijito
–No… Es el molusco –contradice Hijita.
–¡Es el chichón!
–¡Es el molusco!
–¡EL CHICHÓN!
–¡EL MOLUSCO!

Era el tobillo.

 
 
 

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