Puede haber un problema

Un nuevo episodio de la trepidante vida del guionista de cómic

Una vez, cuando era adolescente, el guionista de cómic lloró en un estadio cordobés porque Banfield había errado dos penales seguidos en una definición por el ascenso. Pero al final Banfield ascendió, y el guionista, que se hizo adulto (o algo parecido) no volvió a sufrir colapsos emocionales relacionados con el deporte rey. Hasta una madrugada de domingo, en Barcelona, en que vio, a través de un sitio ilegal de streaming, a un pixelado Banfield salir campeón de la primera división del fútbol argentino por primera vez en su historia. Esa noche volvió a llorar, pero bajito, porque sobre su regazo dormía su hijita recién nacida. Y el arrebato no quedó ahí. Al día siguiente, el guionista llamó su amigosocio, hincha y residente de Banfield, para encargarle que comprara una casaca del campeón de talle infantil.

Cuatro años y pico más tarde, en Argentina, un sábado por la mañana, su hijita decidió vestir esa camiseta sin tener idea de que esa misma tarde Banfield, nuevamente descendido, podía volver a primera. El guionista observó la coincidencia y sonrió para adentro. Después, toda la familia subió al coche, en el que partieron hacia el Club Temperley para que la niña asistiera a su clase semanal de natación.

–No puede entrar con esa camiseta –dijo el señor de la puerta del Club Temperley.

El guionista de cómic soltó un risita, festejando la humorada.

–No… En serio te digo –dijo el señor con gesto compungido–. Puede haber un problema… Adentro hay un cartel y todo.

El guionista le sacó la camiseta a su hijita (que afortunadamente llevaba una segunda capa de ropa debajo) y volvió al coche para guardarla mientras el resto de la familia ingresaba al club.

“Si pregunta, ¿qué le digo?”, se preguntó el guionista de cómic, al verse depositando la camiseta en el baúl, para esconderla de los ojos de posibles ofendidos agresores. Ensayó mentalmente una respuesta: “Mirá, hija, lo que pasa es que los seres humanos, a veces, somos una manga de energúmenos hijos de puta capaces de usar cualquier excusa para odiarnos, no importa lo estúpida que sea… Por eso no pudiste entrar acá con tu camiseta”

– ¡Y menos con esa! –acentuó el señor de la puerta, haciendo referencia a la supuesta rivalidad propia de los vecinos futbolísticos, cuando vio pasar de nuevo al guionista.

“Ah… me olvidaba, hija. Sobre todo, sobre todo todo todo… nos gusta inventar excusas para odiar a los que tenemos más cerca, porque se parecen demasiado a nosotros y eso, ya que estamos hablando de fútbol, nos rompe soberanamente las pelotas”

Por suerte para el guionista, su hijita ya solo pensaba en nadar cuando se reencontraron. No hizo preguntas.

Esa tarde Banfield ascendió a primera y al guionista de cómic no se le cayó ni una lagrimita.


 

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Archivado bajo La trepidante vida del guionista de cómic

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