Una princesa nunca (jamás)

Princesa-nunca-jamasMantengo con la factoría Disney una guerra por el cerebro de mi hija. Básicamente, ellos están tratando de vaciarlo y yo intento llenarlo. La criatura tiene tres años y los malditos esbirros de Walt ya quieren convertirla en una de sus princesas; en una Cenicienta cuyo mayor anhelo en la vida sea casarse con un imbécil que se cree encantador porque usa charreteras.

Voy perdiendo. Al día de hoy, el juego favorito de mi hija es pasearse por la casa enfundada en un vestido rosa (chicle) mientras recita un credo que sacó del canal Disney Junior:

“Una princesa siempre es linda. Una princesa nunca es mala. Una princesa bla bla bla…”

¿Por qué la dejo ver el Disney Junior? Porque peleo una guerra fría. Sé muy bien que el tiro de la prohibición suele salir por la culata. El día de mañana, no quiero ver a mi hija convertida en Chief Executive Officer de la compañía que hoy combato (aunque preferiría eso al casamiento con el encantador).

También es una guerra civil la mía. La propia abuela de la niña (y propia madre mía) lucha en el bando enemigo. Todas las tardes habilita el avance sobre mi retoño de infames tanques arrasadores de ondas cerebrales camuflados tras nombres simpatiquísimos: Los Ositos Cariñositos, Zou, La colmena feliz, Frutillita: aventuras en Tutti Frutti y ese arma de destrucción neuronal masiva que se llama La casa de Mickey Mouse.

¿Cómo contraataco? Como puedo. Pero sobre todo utilizo, igual que ellos, el camuflaje. Me siento junto a mi hija frente al televisor fingiendo ser un padre cool e imparcial y, así como al pasar, disparo comentarios diseñados para destruir el mágico mundo de colores.

–Este Mickey… parece medio bobo, ¿no? –digo, por ejemplo.

Pero mi hija no es tonta (a pesar de los esfuerzos de Disney) y, como solo quiere ver dibujos animados todo el tiempo, sin importar de dónde vengan ni quién los fabrique, recurre a sagaces y desconcertantes maniobras evasivas. Con tono didáctico y condescendiente, haciendo pausas entre las palabras para darme tiempo a comprender lo equivocado que estoy, dice cosas como…

–Pero, Ale… Mickey tiene las orejas redondas.

A lo que yo apenas atino a contestar cosas como…

–Aaahhh.

Normalmente no me atrevo a insistir ni a subir el tono de mis ataques, porque, como ya dije, sé que eso es equivalente a empujarla hacia el lado oscuro. Pero hubo una tarde en que me falló el temple y quedé debiendo la estrategia.

Estábamos mirando Jake y los piratas: aventuras en Nunca Jamás, una de las series del Junior que más me hacen doler el hígado, porque amo a los piratas. Supongo que a esta altura está de más decir que Jake nunca (jamás) me cayó bien, pero lo que vi esa tarde, simplemente me sacó la cadena. Jake y su amigos piratas estaban haciendo rafting y… ¡tenían puestos chalecos salvavidas!

Estallé.

–¡Ah, no! –grité, golpeando con los puños simultáneamente los apoyabrazos del sillón–. ¡Esto es el colmo! ¡Chaleco salvavidas tienen!

Y entonces inicié un ataque frontal, irracional, suicida.

–Los piratas, hija, no usan chaleco salvavidas. Los piratas, si se caen al mar, ¡se ahogan con dignidad y se convierten en comida para peces! Este Jake no es un pirata. ¿Sabés lo que es este Jake? ¿Sabés lo que es este Jake?

A pesar de la enfática repetición de la pregunta mi hija siguió mirando la pantalla (con la parte inferior de la mandíbula algo descolgada) y no contestó. Así que tuve que redondear sin su ayuda.

– ¡Es un pelotudo! Eso es: ¡Un PELOTUDO!

Días más tarde, me tocó llevarla al jardín. Como siempre que la llevo yo (y no su madre), salimos de casa tarde y con la comida aún en el esófago. El coche familiar no estaba a nuestra disposición así que tuve que transportarla en brazos y al trote. Fueron las cuatro cuadras más largas de vida, pero logramos llegar al jardín justo a tiempo para deslizarnos por debajo de la mirada reprobatoria de la portera que estaba a punto de cerrar con llave.

Recién cuando, ahogado y transpirado, la dejé finalmente en el suelo de la salita amarilla junto a su maestra y sus compañeros, me di cuenta de que algo estaba mal…

– ¡Uy! –dije– Me olvidé de ponerte el camisolín.

– Y la mochila –acotó la maestra.

Entonces, mi hija, a la que nuestra peripecia le había parecido divertidísima, levantó hacia mí su carita redonda y, con una sonrisa radiante, dijo algo que hasta este momento nunca (jamás) había dicho en su vida…

– ¡Pelotudo!

Sentí que se me incendiaba la cara. Algunos de los chicos se empezaron a reír y la maestra me clavó la mirada, cediéndome el turno para reprimir aunque estuviéramos en su territorio. Pensé en usar el descargo habitual en estos casos: el famoso y siempre salvador “¿De dónde sacaste eso?”. Pero no me atreví por miedo a que mi hija se le ocurriera decir la verdad.

Colorado como un ají, huí balbuceando algo que no entendí ni yo.

– Nohijaesono… nonono… malomalo… chaumevoy.

Más allá de la vergüenza, no fue nada agradable que mi hijita me tratara de pelotudo. Fue demasiado precoz, no me lo esperaba antes de la adolescencia. Sentí lo que voy a sentir en el futuro, cuando la vea por primera vez fumando o besándose con alguien. Dentro de mí, algo se rompió para siempre.

Pero mientras volvía a casa arrastrando los pies y con la cabeza hundida entre los hombros, me asaltó un pensamiento reparador, balsámico, hermoso; tan hermoso que no pude evitar gritarlo, estirando los brazos hacia el cielo cual goleador eufórico.

– ¡Una princesa nunca dice “pelotudo”!

Tomá esa, Walt.

Hasta la victoria, siempre.

 
 

Aviso del fabricante: Desde el fundador hasta el último empleado (quienes casualmente coinciden en ser la misma persona), en la Fábrica de Ficciones Valdearena somos marxistas (de Groucho). Por eso, si no le gustan nuestros principios, sepa que tenemos otros. Si usted es un alto ejecutivo de la compañía Disney que llegó a esta página buscando un guionista a quien enterrar bajo una montaña de cochino dinero a cambio de sus servicios, no deje de ponerse en contacto con nosotros. Estaremos encantados de colaborar en la manufactura de sus dañinos productos y hasta le haremos un descuento. Es lo que hay. Antes de preocuparnos por lo que llena la cabeza de nuestros hijos, nos toca ocuparnos de llenarles el estómago.

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22 comentarios

Archivado bajo De sentado

22 Respuestas a “Una princesa nunca (jamás)

  1. FerBaldó

    Me encantó lo que acabo de leer, a mí tambien me taladran el bocho todos y cada uno de los programas que mencionás. La diferencia es que tengo un varón y por ahora no parece tener preferencias (tiene dos años y dos meses y vé cualquier dibujito, vamos) pero llegado el momento, calculo que en vez de soñar con ser una princesita Disney, pretenderá crecer para convertirse en el pirata pelotudo Jake o lo que es peor…¡un boludo que tiene “ideas de emergencia”!
    En fín, supongo que no queda otra que relajar y esperar que ellos solitos se vayan dando cuenta…
    Me alegraste el día, man, pasaré seguido por este sitio, es más, ya lo pongo en favoritos.
    Te mando un abrazo.
    F
    pd: Mi mujer está embarazada de 5 meses y ya nos enteramos de que será nena, eso significa que mi futuro próximo seguirá atiborrado de programas infantiles de destrucción neuronal masiva, solo que llegado el momento, habrá alguien que querrá vestirse de rosa chicle y soñará con algún imbécil que se cree encantador…

  2. Lucía

    Bueníssssimo 🙂

  3. pb

    no soy padre aún, pero te agradezco esta “preparación” ultranecesaria… ALERTA!

  4. Alejo, sos un grosso… retroceder nunca, rendirse jamás!

  5. Diego Greco

    Que puedo decir de mi idolo??? Excelente.!!!

  6. Recuerdo que mi hija no se dejaba ver en la ecografias, tardamos mas de lo normal en enterarnos con mi marido que esperabamos una nena. mientras los meses pasaban como años el insistia en que ibamos a tener un nene…un heredero al trono, un aprendiz de jedi…un compañero fiel en el campo de batalla virtual…un hijo a quien le cedería el inmenso poder de su joystick…y que se yo cuantas lindas pavadas mas…en fin…salimos llorando a mares del consultorio cuando supimimos que ibamos a tener una nena…las primeras palabras que siguieron al tartamudeo y las lagrimas del Macho Alfa que me sostenia la mano fueron: “NO QUIERO QUE MI HIJA SEA UN MERENGUITO ROSA…” un año y medio despues…las princesas de disney, minnie mouse y kitty han invadido por completo todos y cada uno de los espacios de la casa…y las abuelas colaboran en la propagacion de la plaga, es cierto…mi mama me regalo hermosos repasadores de kitty que invitan a mi hija a colgarse del horno…asi y todo…considero que no hay nada mas sano y maravilloso que ser una princesa…ya alguna revista o estereotipo va a intentar convencerlas de lo contrario. Mickey es un tema aparte…agradezco que mi nena no se sienta atraida por el pendulo hipnotico invisible que agita el ratoncito durante la media hora de programa!!! bueno…colgue escribiendo… me trajo muy lindos recuerdos el post, nos encanto! gracias alejo, nos sacaste mas de una carcajada!

  7. colo

    casi me atraganto con el desayuno de la risa!
    genial!…dentro de poco sere un soldado mas en tu ejercito, combatiremos el mal de walt hasta las ultimas consecuencias!, patria o muerte! carajo!

  8. Laia

    Buenissssissssimo!!!!!! 🙂

  9. Sir Bondiol & the comets

    hermoserrimoooo, como es costumbre…

  10. Gracias por el apoyo, amigos y amigas. Hoy me siento acompañado. Y estoy seguro que el frío corazón de Walt está más helado que nunca.
    ¡Los quiero!

  11. Maria Balmaceda

    jajjaja!!! muy bueno! Ahora que lei esto me siento un poco culpable…ayer envie unos libritos de princesas de regalo para tu hija… en fin, si te sirve de consuelo mi hija de 6 años me dijo: -“mamà regalalos, a mi ya no me gustan mas las princesas”.

  12. Txari

    Muy bueno!
    Piensa que algún día se avergonzará de haber querido ser una princesa…

  13. Luis

    Como te comprendo, Alejo!!! Jajajaja

  14. #padresquemolan bravo por los padres que nos educan sin edulcorar la realidad aunque Disney intente lo contrario soy fan , Alejo:)
    besos loliteros desde el otro lado

  15. Tio de la Princesa nunca jamas

    Muy buena la columna, comparto el ideal plenamente….. aunque debo admitir que a veces juego para el bando enemigo!!
    El problema es que princesa hermosa me puede!!

  16. Laurabanuelos

    Buenísimo!! Y cuando parece que Santo Walt va quitándose de enmedio, Santa Mattel y sus aguerridas Barbies entran en escena a todo galope con sus liftings y demás arreglillos estéticos. Qué cansino…

  17. Débora Amaya

    Cuánto me hiciste reír Alejo, es tal el efecto “rosa chicle” que produce este Walt en las niñas que mi hija cada vez que va a sus clases de básquet, reconocerla no cuesta mucho, mientras todas sus compañeras lucen el negro o celeste del club, ella tiene que tener algo rosa (a veces es la remera, otras el short) y cuando desde la tribuna alguna mamá o papá nuevos me dicen ¿cuál es tu hija? solo recurro a la visualmente y más fácil respuesta “mi hija es la de rosa”!!!!!!!!!!!! Saludos. Débora

  18. Soldado Disperso

    Hay que destacar la importancia de publicaciones como esta , en tiempos de guerra hay que mantener a la tropa atenta y motivada.
    Hace unos días un soldado disperso, tratando de ganar terreno en el campo de batalla (la niña) cargó su fusil de simpatía con balas del enemigo y lanzó su descarga de “ellaesunaprincesa¿no?claaaroesmuylindalaprincesitaetcetcetc”
    El recuerdo de esos disparos, de la sonrisa de la niña, de la pequeña sensación de triunfo, tiene ahora la cara de la reprobación.
    Siga adoctrinando soldados Comandante!

  19. Y eso que vos tenes una y nena, yo tengo dos varones… ¿sabes lo que significa perderlos en Cartoon con muñecos deformados y chicos super heroes diciendo barbaridades? Eso es terrible!!!! Esos personajes tienen unos modales espantosos!!!! ja ja ja Me encanto Alejo. Ah! eso si, cuando te diga que ya encontro a su “principe” preocupate!

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